Hay veranos que se recuerdan por lo extraordinario.
Y otros que vuelven porque se parecen a todos los anteriores.
Este nace ahí.
En el pueblo, el verano tiene sus propios gestos:
sentarse en la puerta del bar con un vermut,
esperar apoyado en la moto mientras pasa alguien conocido,
tender la ropa al sol en mitad de la calle,
pararse a hablar con el vecino sin mirar el reloj.
Escenas que no están pensadas para ser fotografiadas, pero que terminan definiendo el verano.
Un vestido ligero que se mueve con el aire.
El paseo a la plaza al caer la tarde.
Unas cintas cruzadas en el tobillo.
Lo de siempre.
Un Verano en el Pueblo.
El verano que vivimos de niños
y que ahora queremos que vivan los nuestros.
Colección SS26